Nos gustaría compartir con vosotros la historia de un joven español que decidió ser voluntario en un Campo de Refugiados en Grecia.

Hola Salvador!¿Por qué decidiste ser voluntario?
No sabría explicar muy bien el porqué, pero ser voluntario es algo bonito y que siempre te aporta más de lo que tu lo haces, conoces a gente maravillosa que se esfuerza por una causa común, en la que tú crees ciegamente, porque no estarías allí si no lo hicieras, y eso, entre otras muchas cosas, te engancha. Ves luz en un mundo que muchas veces solo proyecta oscuridad.
Decidí ser voluntario en Grecia porque muchos países de Oriente Medio están viviendo un verdadero drama y la Unión Europea, y muchos europeos, solo hemos empezado a verlo cuando ya lo teníamos aquí y cuando los medios de comunicación masivos lo han comenzado a sacar. La guerra de Afganistán empezó hace más de 15 años, pero está más lejos de Europa que Siria y a los refugiados les cuesta más llegar, lo que se traduce en menos cobertura informativa, menos voluntarios y menos recursos para acompañar a esas personas. Hay muchos dramas alrededor del mundo que no nos llegan por falta de cobertura o simplemente, por no querer mirar, pero con este no hay más remedio que hacerlo, porque están aquí.

También creo que los voluntarios de corta estancia podemos hacer poco más que acompañar e intentar pasar buenos ratos con quién se nos quiera sentar al lado a charlar, o invitar a jugar al baloncesto a quién nos mira con curiosidad desde una prudente distancia.
Los que se llevaron y se llevan toda mi admiración en Grecia y Croacia son los voluntarios de larga estancia, como por ejemplo Olga, una voluntaria griega que va casi todos los días, por no decir todos, al reparto de comida en Skaramagas, gestionando perfectamente uno de los momentos más tensos del día. O mi amigo croata, Mihael, que con su sonrisa inunda de buen rollo Porin, Kutina o allá donde esté. Esas personas que te hacen sentir que todo tiene una solución, aunque no esté en su mano ni en la tuya, si no mucho más arriba, en una Comisión Europea que bien necesita un voluntariado en alguno de estos campos y no tener mil reuniones para negociar unas cuotas que luego no cumplen, excusándose en los pocos medios disponibles, cuando los mayores campos de refugiados del mundo están en Kenia y Etiopía desde hace muchos años.
Por favor, descríbenos el momento más valioso durante tu estancia en el campo de refugiados en Grecia.

Me quedo con muchísimos momentos, me viene a la mente cuando mi amigo Mohamad me invitaba a comer o a tomar el té a su casa, su madre cocina demasiado bien, se reían mucho cuando me veían comer tanto, pero no podía parar, la comida siria es espectacular.
O jugar al baloncesto con los niños que se acercaban, especialmente con Fahir, un niño de 11 años del Kurdistán iraquí, un superviviente, un buscavidas y un niño, que me dio la sensación, ha crecido demasiado pronto.

¿Hay algo que ha cambiado en ti cuando volviste a casa?
De cada voluntariado te llevas algo y no es fácil de explicar, creo que se podría resumir en responsabilidad. La responsabilidad de contar que has visto, que has sentido y como puedes motivar a que otros quieran aportar su granito de arena. No todo el mundo tiene el tiempo, ni el dinero, ni la posibilidad de ir a echar una mano a un campo de refugiados en Grecia, pero se puede ayudar de muchas maneras, la más directa sería colaborando con ACNUR o con cualquier ONG de ayuda a refugiados, pero también hablando del tema con tus amigos, no dejándolo por imposible, porque todo suma.
¿Si pudieras resumir la experiencia que has tenido en una lección principal, que es lo que te gustaría compartir con los demás?
La mayoría de las personas quieren vivir donde nacieron, en su hogar, con su gente, no quieren venir aquí a quitarnos el trabajo, ni las ayudas, ni nada, solo quieren vivir en paz y en su trocito de tierra, sea la más fría, la más árida, o la más fea del mundo, porque es su hogar. Y recuerda, todo suma.
Muchas gracias a la Asociación Projuven por este gran proyecto y por dejarme una ventanita para contar mi experiencia.